Un gobierno quiere gobernar, qué cosas

abascalcasado

Germán Temprano

En un alarde de perspicacia sin parangón, el PP, VOX y lo que queda de Cs han clamado contra su epatante descubrimiento. De resultas, que el presidente Sánchez, han deducido, así, sin darse importancia, lo que busca es seguir en Moncloa. Pero qué me están contando. Eso no puede ser. De serlo, se colige una estafa de largo alcance a los millones de ciudadanos que creían que se había presentado a las elecciones para montar un asador de pollos en Vicálvaro. No señor. Lo hacía para gobernar. Qué pillín.

Y mientras, el líder del PP, al menos en los ratos que duerme Ayuso o repasa con nostalgia  las obras completas de Pecas a las que tanto contribuyó, brama por las esquinas porque el presidente quiere seguir siéndolo. No como él, que se presta al veredicto de las urnas, no para ser jefe del Ejecutivo sino para que el pueblo opine sobre qué tal le queda el meyba antes de pasar unos días de vacatas en la piscina de la urba.

Desde luego, y sin ánimo de ofender -o sí que a estas alturas ya ves tú- descubrir con asombro estas obviedades no deja en buen lugar el intelecto de los opositores. Tampoco ayuda, todo sea dicho, que Pablo Casado, después de perder otra votación en el Congreso, en este caso a cuenta de los indultos, salga ofendido de la Cámara exigiendo a Sánchez que se vaya ¿No tiene ningún asesor que le recuerde que quien ha perdido es él?

Que digo yo, igual es una tontería, que si el Parlamento alberga la soberanía popular, y los números no engañan, don Pablo debería darle una pensada a sus sandeces aun a riesgo de migraña. Claro que para eso hay que creer en la democracia también cuando te toca hacer oposición y no solo elogiarla cuando la usas de salvoconducto para hacer lo que te sale del mondongo

Que digo yo, igual es una tontería, que si el Parlamento alberga la soberanía popular, y los números no engañan, don Pablo debería darle una pensada a sus sandeces aun a riesgo de migraña. Claro que para eso hay que creer en la democracia también cuando te toca hacer oposición y no solo elogiarla cuando la usas de salvoconducto para hacer lo que te sale del mondongo.

Por ejemplo, convertir una televisión pública que pagan los madrileños en un cortijo para IDA y sus aduladores que, a buen seguro, habrán crecido de manera exponencial. Lo cierto es que, si no fuera por ella, que es quien de verdad parte la pana en la derecha, esto sería, además de poco edificante para la inteligencia del ser humano, muy aburrido.

Pero Ayuso está en otra dimensión. Pasar en tan poco tiempo de traductora a tuits de los pensamientos de un simpático perro a estadista de nivel no debe ser fácil de encajar. Todo un shock. Solo en ese eximente se justifican mínimamente algunos de sus últimos delirios.

Su osadía, crecida por un éxito que debería saber que no es eterno -baste recordar a Paco Porras y su pandilla- le ha llevado a pretender que cuele que la Oficina del Español tiene algún sentido y que Cantó es el perfil más adecuado para llevarla. Y lo ha argumentado sin que se le escapara una risa. Ya quisiera tener Toni esas tablas en un escenario.

 

 

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