lunes 18/10/21

Epítome de la desvergüenza

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Uno admite que ha tenido que revisar el significado del vocablo ‘epítome’ del titular para no desmerecer en el contenido de estas líneas que no es otro que loar al gran filólogo Tony Cantó quien, por fin, ve reconocidos sus méritos como adalid en la defensa del idioma español ¿Cervantes? ¿Quién es ese? Ha tenido que ser Ayuso quien nos curara de esa ceguera.

Cantó empezó como actor, se hizo célebre por las collejas que le daban en una serie, pero, finalmente, acaso por esos impactos en el pestorejo, que decía mi abuela Paulina, espabiló y ha tenido su recompensa. Nada menos que director de la Oficina del Español en Madrid, un cargo que pone a Tony a la altura de Manolo del bombo en espíritu nacionalista, pero con más de 75.0000 eurazos al año a costa del contribuyente. Da tanta vergüenza que parecía impensable hasta para Ayuso. Y hablamos de bochornos NBA. No de que lleves abierta la bragueta o calcetines blancos con zapatos.

La tal IDA, cada vez más apegada al significado de su acrónimo, ha decidido de esta manera responder a un clamor social en la Comunidad de Madrid. La ciudadanía, al menos la que lo necesita, no se quejaba porque se cerraran Centros de Salud sino porque el tal Cantó no tuviera el reconocimiento del PP que merece después de regar de babas la campaña electoral para ver si pillaba cacho. Vive Dios que lo ha logrado.

Ese partido que tildaba de corrupto hasta la médula le ha dado por oposición digital uno de esos chiringuitos que este sujeto denostaba cuando estaba en UPyD o en Cs o en el otro o en el de más allá

Ese partido que tildaba de corrupto hasta la médula le ha dado por oposición digital uno de esos chiringuitos que este sujeto denostaba cuando estaba en UPyD o en Cs o en el otro o en el de más allá. Solo pensar en el sacrificio que asumirá ahora por tener que magrearse los atributos en este puesto a cuenta del erario público estremece. Y encima se le critica cuando sus retos son de los más nobles. Por lo visto se ha marcada como meta hacer de Madrid la capital del español.

No consta que se haya reído al decir semejante sandez, algo que evidencia que tan mal actor no era. Y tonto tampoco. Eso lo deja para quienes le vamos a pagar el salario. Cantó, como mérito para el puesto, bien puede esgrimir que ha usado el idioma de manera profusa y altamente bocachanclista.  Es por ello que basta rastrear sus rebuznos tuiteros o mediáticos para chequear que hay gente con poca vergüenza, con ninguna y luego están Cantó y su mentora Ayuso.

Fue este actorcillo, lo digo sin menosprecio sino en comparación con sus capacidades filológicas, quien publicó en su día un montaje en el que se escenificaba la voladura de Canal Nou, televisión pública valenciana. Por lo visto era un gasto inútil. Olvidó, eso sí, devolver el pastizal que le pagó este inútil ente cuando él tuvo en pantalla su propio programa.

Luego, entre otras hazañas, en el parlamento valenciano vino a decir que cualquier ente relacionado con la lengua, en su versión gramatical y no en la que hace falta para acceder a estos cargos, era un chiringuito para llevárselo crudo. Salvo que el director sea él, claro está. Se puede tener más jeta, pero ya requiere estudios.

Epítome de la desvergüenza